El suelo que pisás durante el recorrido es bastante duro. Y lo sentís raro, porque parece ser sólo césped... Hasta que te agachás a mirarlo con detenimiento: debajo de esa delgada capa verde se encuentran las calles que alguna vez supieron transitar los primeros tucumanos. Mirando las piedras te podés imaginar las carretas que habrán pasado por el Tucumán Viejo, que conectaba los virreinatos del Alto Perú y del Río de la Plata; y si levantás la cabeza de nuevo, ya visualizás la antigua ciudad. A la entrada, la vieja capilla mercedaria; si caminás unas cuadras más, te cruzás con la Iglesia Matriz a tu izquierda, con el Cabildo a la derecha y mirás la grandeza de la plaza principal en el centro. Sin querer, ya estás dentro del Tucumán de 1565.

A poco más de 50 kilómetros del actual San Miguel de Tucumán se encuentra el Museo Arqueológico a Cielo Abierto Ibatín (Macai), emplazado (en León Rouges) en el primer asentamiento que tuvo la capital tucumana. El predio fue abandonado en 1685, cuando se trasladó la ciudad a La Toma (dónde hoy se encuentra la capital), y con la mudanza desaparecieron las construcciones y gran parte de su historia (que también pereció como consecuencia de las exploraciones ilegales). No fue hasta 1965 que se realizaron las primeras excavaciones; y algunas décadas más tarde el espacio fue revalorizado y convertido en museo, ahora una visita obligada para todos los tucumanos y para todos los turistas.

PARA CONTEXTUALIZAR. A la entrada del museo te recibe un cartel que cuenta la historia del predio. FOTO LA GACETA / Osvaldo Ripoll

“Hay que decir que, en esa época, las ciudades no se ubicaban en cualquier lado. Este era un punto estratégico a nivel geográfico, por la flora y la fauna y la cercanía con el río, y a nivel político porque conformaba un circuito con otras ciudades. Por eso Ibatín se emplazó aquí; había muchos recursos. Cuando llegó Diego de Villarroel con los primeros 25 vecinos a fundar la ciudad, desmontaron el terreno y lo dividieron en cuadrículas de 7x7 -cuenta a LA GACETA Mariana Ruiz Flores, guía del sitio-; estas calles, recién fueron descubiertas en la década de 1960; Lizondo Borda y Amalia Gramajo fueron los primeros en excavar y en delimitar de nuevo todos los edificios más importantes. Por eso hoy se ven las divisiones que tuvo la ciudad, que había sido armada en forma de damero, algo típico de los españoles”.

Un viaje a nuestra historia

Para el 1600, la ciudad ya estaba dividida en tres clases sociales: los españoles, que vivían alrededor de la plaza; los artesanos, que se ubicaban en las manzanas adyacentes, y por último la clase servil, que eran los aborígenes. “Una de las características de los españoles era que llegaban a un territorio, fundaban la ciudad y ubicaban el solar más importante, que iba alrededor de la plaza. Ahí también se ponían los edificios políticos y religiosos, como el Cabildo y las iglesias, y hasta el taller de tejas”, relata Mariana. Más o menos, la misma disposición que tiene hoy la plaza Independencia, aunque con algunos cambios. “En Ibatín, el sol molestaba mucho a los cabildantes, por la ubicación que tenía el edificio. Cuando se trasladó toda la ciudad, al Cabildo, que hoy sería la Casa de Gobierno, se le cambió la disposición, pero el resto es todo igual”, agrega Cristian Guaraz, también guía del Museo.

CIMIENTOS. En el museo a cielo abierto se puede recorrer la base del Cabildo de Ibatín. FOTO LA GACETA / Osvaldo Ripoll

Además de las divisiones de las calles, también se pueden observar los cimientos de piedra de algunas edificaciones; estas ruinas dan un panorama de cómo eran las construcciones de la época. Pero eso es sólo una parte de lo que hay en el predio, porque “hay mucho que todavía no ha sido excavado”, advierten ambos guías. El recorrido atraviesa lugares que han tenido una gran importancia para aquella ciudad. Uno de ellos es la fábrica de tejas. “Allí se producía todo el material que se usaba para techar los edificios; la historia enseña que había un tejero y que se dedicaban a la elaboración de tejas, hasta que el río empieza a aumentar su cause”, relata Cristian. Y a pocos metros de ese lugar se encuentra el camino real. “Para que lo entendamos, es lo que hoy sería la calle 25 de Mayo -compara-; el camino real era una vía que trasladaba a los viajeros que venían del Virreinato del Río de la Plata hacia el del Alto Perú y necesitaban descanso, que lo solían hacer en la plaza, dónde también se abastecían”.

La plaza, por supuesto, era el punto neurálgico de la ciudad. “En el centro es dónde se puso la piedra fundacional. Diego de Villarroel y los vecinos vinieron, cavaron en la tierra y plantaron el árbol de la justicia. También pusieron la picota, que era un sistema de castigo -narra Mariana, que es profesora de Historia-; entonces la plaza tenía una doble función: de dispersión y de castigo”.

Una ciudad por descubrir

Por varios puntos -relacionados a lo enumerado anteriormente- hubo que mover la ciudad. “El caudal del río empezó a perder su cause e inundaba la ciudad, además el agua producía enfermedades como el bocio. Otro motivo eran los constantes ataques que sufría la población, por parte de los aborígenes, y también había dificultades de seguridad en el Camino Real”, advierte Cristian. Cuando se fueron, lógicamente -explican a dúo los guías- muchos también se llevaron los elementos de las edificaciones para volver a construir la ciudad en el nuevo lugar.

FOTO LA GACETA / Osvaldo Ripoll

Hasta el día de hoy continúan las excavaciones y siguen los hallazgos, ya que constantemente se encuentran restos de aquel asentamiento. Hay todavía muchas ruinas por descubrir y todavía hay mucha historia por ser contada. Gran parte de lo que conocemos hoy del pueblo es gracias a los archivos existentes, que cuentan quién vivió allí y detallan cosas como hasta cuántas tejas tenían algunas casas o en qué lugar se enterraban las personas según su clase social.

A partir de febrero, el museo abrirá de lunes a lunes de 9 a 19. Dentro del predio hay también un espacio que exhibe tejas, vasijas y hasta monedas de Ibatín, y se puede ahondar en la historia de la ciudad a través de un archivo audiovisual. Al predio se llega desde la entrada de León Rouges por un camino de piedra, de aproximadamente 6 kilómetros. Además del museo, el lugar tiene baños y merenderos para pasar el día.

Novedades

Según comentan los guías, con cada día que pasa son más los visitantes que se acercan al Macai. Para mejorar la experiencia del visitante -adelanta a LA GACETA Martín Ruiz Torres, presidente del Ente Cultural de Tucumán, a cargo de Ibatín- se está desarrollando un nuevo módulo para reproducir la antigua ciudad. “Queremos hacer una maqueta de 7x7 dónde se reproduzcan todas las manzanas -comenta-; la idea es que vos puedas entrar al lugar y tengas un panorama completo de cómo era Ibatín en esa época. Vas a tener la vivencia de comprender por qué se instaló ahí, cómo se cuidaba el perimetro... todo eso ayuda a reconstruir mentalmente las ruinas que vas a ver luego.

Además, va a haber una línea de tiempo y unos vestidos de época. Los trabajos van a empezar este año, a partir de febrero, con el armado de las maquetas, y la idea es que sea un trabajo progresivo”.